Con ejemplos cotidianos y situaciones tomadas de la actualidad deportiva, Isabel Maina volvió a demostrar que conocer las reglas del idioma no sólo ayuda a hablar y escribir mejor, sino también a comprender con mayor precisión aquello que escuchamos todos los días.

La profesora Isabel Maina volvió a compartir una nueva entrega de su columna Secretos del Buen Decir, en PONELE H Radio-TV, en la que explicó el uso correcto de los adjetivos, una de las categorías gramaticales más utilizadas en el habla cotidiana y, al mismo tiempo, una de las que genera más errores frecuentes.

A partir de ejemplos sencillos y aprovechando el contexto del Mundial, la docente repasó reglas fundamentales del idioma, aclaró dudas habituales y explicó el origen de distintos gentilicios que despertaron la curiosidad de los oyentes.

 

Adjetivos

Los adjetivos acompañan siempre al sustantivo y aportan información sobre él. Pueden calificarlo, describirlo o precisar alguna de sus características, pero siempre deben mantener concordancia de género y número con el sustantivo al que modifican.

En ese sentido, Maina recordó que uno de los errores más comunes es decir “la primer edición”; mientras que la forma correcta es “la primera edición”, ya que “primer” es una forma masculina que sólo puede utilizarse delante de sustantivos masculinos.

También explicó que, aunque en español el orden habitual es colocar primero el sustantivo y luego el adjetivo, ambas posiciones son válidas. Expresiones como “noche maravillosa” y “maravillosa noche” son igualmente correctas, especialmente cuando se busca un efecto literario o poético.

Lo verdaderamente importante es que el adjetivo permanezca unido al sustantivo y conserve la concordancia correspondiente.

La docente repasó, además, algunos de los principales tipos de adjetivos. Entre ellos mencionó los numerales cardinales, que expresan cantidades, y los ordinales, que indican el orden de los elementos.

Reconoció que muchas personas encuentran dificultades para pronunciar formas como “trigésimo”, “quincuagésimo” o “centésimo quincuagésimo séptimo”, motivo por el cual hoy también se acepta utilizar el número cardinal cuando el ordinal resulta demasiado complejo.

Otro grupo destacado fueron los adjetivos demostrativos, posesivos y los llamados relacionales, dentro de los cuales se encuentran los gentilicios. Estos últimos indican el origen geográfico de una persona y, aprovechando la actualidad deportiva, Maina repasó varios de los correspondientes a países participantes del Mundial.

Así recordó que los habitantes de Ghana son ghaneses, los de Cabo Verde caboverdianos, los de Uzbekistán uzbecos, los de Marruecos marroquíes, los de Costa de Marfil marfileños y los de Curazao pueden llamarse curazoleños o curazaleños.

También explicó que los habitantes de los Países Bajos son en realidad neerlandeses, ya que Holanda corresponde únicamente a dos de las doce provincias que integran ese país.

La profesora Isabel Maina también comentó que a los habitantes de la República Democrática del Congo se los puede denominar congoleños o congoleses, mientras que los ciudadanos de Bangladesh reciben el gentilicio bangladesí, una forma poco conocida pero plenamente aceptada por el idioma.

Artículo antes del nombre propio

La charla también permitió aclarar otra costumbre muy extendida, que es la de anteponer el artículo al nombre propio, como decir “el Mario” o “la Isabel”.

Maina explicó que esta construcción no forma parte del uso tradicional del español, aunque la Real Academia Española termina aceptando algunos usos cuando se encuentran ampliamente difundidos en determinadas regiones.

 

Lo que fastidia

Sobre el final, la columnista respondió una consulta vinculada al lenguaje deportivo. Explicó la diferencia entre los adjetivos fastidioso y fastidiado, dos palabras que suelen confundirse durante las transmisiones de fútbol.

Indico en tal sentido que un jugador fastidioso es aquel que molesta o incomoda a los demás, mientras que un jugador fastidiado es quien se encuentra molesto o enojado. Por eso, después de errar un penal, un futbolista puede quedar fastidiado, pero no fastidioso, salvo que comience a provocar a sus rivales.

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