Guillermo Knoll, volvió a proponer una particular combinación de dos mundos que, aunque parecen distantes, tienen muchos puntos de encuentro: el fútbol y el tango.

En El Deporte y la Música, la columna que los lunes presenta en PONELE H Radio-TV, el periodista y escritor Guillermo Knoll eligió como protagonistas a dos hombres que transitaron los universos del fútbol y del tango: Osvaldo Peredo y Hernán “Cucuza” Castiello.

Dos historias diferentes, pero unidas por la pasión por la pelota y por la música ciudadana.

Peredo, recordó Knoll, había jugado durante su juventud en las inferiores de San Lorenzo de Almagro. Sin embargo, a mediados de la década del 50, al no encontrar en Argentina las oportunidades que esperaba, viajó a Colombia para continuar allí su carrera deportiva.

Fue durante su permanencia en ese país donde comenzó a desarrollar con mayor fuerza otra de sus grandes pasiones: el tango. Aunque cantaba desde chico, fue con el paso de los años cuando se animó definitivamente a subirse a los escenarios.

La historia tiene, además, un fuerte componente simbólico. Peredo regresó posteriormente a Colombia y volvió a la ciudad de Medellín, justamente el lugar donde había estado antes de moriri Carlos Gardel.

Knoll destacó esa coincidencia y recordó que el cantante argentino había fallecido en Medellín, una ciudad que, décadas después, volvería a recibir a un argentino que llevaba el tango como bandera.

Pero la relación entre fútbol y tango no termina en Peredo. El otro protagonista de la historia es Hernán “Cucuza” Castiello, quien también tuvo su origen en el fútbol.

El cantante pasó por las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, donde compartió esa etapa con futbolistas que posteriormente tendrían importantes carreras, entre ellos Fernando Cáceres y Fernando Redondo.

Castiello no llegó a debutar en la Primera División de Argentinos Juniors, aunque sí tuvo participación en el fútbol profesional con Tigre y Aldosivi.

Con el paso de los años, su camino se fue orientando definitivamente hacia el tango. Y allí aparece nuevamente el vínculo entre las dos pasiones.

Castiello continúa desarrollando su carrera como cantor de tango y suele presentarse en distintos escenarios de Buenos Aires, entre ellos el Torcuato Tasso, sin olvidar aquellos orígenes vinculados con el fútbol.

Knoll contó que Peredo y “Cucuza” Castiello llegaron a compartir una interpretación junto a la Orquesta Típica Almagro, formación vinculada precisamente con el barrio porteño de Almagro.

La elección de los protagonistas permitió recuperar una historia poco conocida. La de aquellos futbolistas que, por distintos caminos, terminaron encontrando en el tango una nueva forma de expresión.

En el caso de Osvaldo Peredo, la historia tuvo además otros capítulos. Luego de regresar de Colombia, trabajó como encargado de edificios y mantuvo siempre presente su pasión por la música.

A los 80 años, grabó un disco, dejando registrada una trayectoria que, según señaló Guillermo Knoll, no puede compararse con figuras gigantescas de la historia del tango como Carlos Gardel o Roberto Goyeneche, pero que sí tuvo una identidad y una impronta propia.

Durante la columna también se pudo escuchar “Una noche”, interpretado por Osvaldo Peredo junto a la Orquesta Típica Almagro, con el acompañamiento instrumental de Hernán “Cucuza” Castiello.

La canción sirvió como punto de encuentro entre las historias de ambos protagonistas y como una nueva demostración de que las fronteras entre el deporte y la música pueden ser mucho más pequeñas de lo que parecen.

Porque detrás de una camiseta, una cancha, una orquesta o un escenario muchas veces aparece la misma pasión: la necesidad de expresarse, de pertenecer y de dejar una huella.

Guillermo Knoll volvió así a recorrer, desde su columna El Deporte y la Música, esos caminos donde la pelota y el tango se cruzan y donde las historias personales terminan convirtiéndose también en parte de la cultura popular.

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