Amenazas, extorsiones y la difusión de conversaciones privadas son conductas que pueden derivar en causas penales.
En su columna Consultoría Jurídica, el abogado Edgar “Café” Giménez explicó por qué la mensajería instantánea dejó de ser un espacio “informal” para convertirse en una fuente de prueba dentro de la Justicia.
En su incursión semanal en PONELE H Radio-TV, sostuvo que WhatsApp forma parte de la vida cotidiana. Allí se organizan reuniones, se resuelven cuestiones laborales, familiares y personales. Pero también es el escenario donde muchas discusiones terminan escalando por impulso.
Lo que para una persona puede ser apenas un momento de enojo, para la Justicia puede constituir un delito, fue la principal advertencia del doctor Giménez, quien recordó que los mensajes enviados desde un teléfono celular pueden convertirse en pruebas determinantes dentro de una investigación penal.
Giménez explicó que enviar un mensaje diciendo “te voy a pegar”, “te voy a romper el auto” o cualquier otra expresión intimidatoria no pierde gravedad por haber sido escrita en una aplicación de mensajería. Si la persona que recibe ese mensaje interpreta que su integridad o sus bienes están en riesgo, puede realizar la denuncia correspondiente.
El argumento de que se trató de un momento de calentura difícilmente alcance para desactivar la responsabilidad, porque el mensaje ya fue enviado y quedó registrado.
Extorsión
Otro de los ejemplos frecuentes aparece cuando alguien intenta presionar a otra persona para que pague una deuda.
Frases como “si no me pagás voy a publicar las conversaciones que tengo” o “voy a difundir las fotos” pueden configurar una extorsión. Pues, aunque la deuda exista, el reclamo debe realizarse por los canales legales y nunca mediante amenazas o presiones.
Una práctica cada vez más habitual consiste en hacer capturas de pantalla de conversaciones privadas para exponerlas en redes sociales.
Según explicó el reconocido abogado libreño, divulgar esos intercambios sin autorización también puede generar responsabilidad penal. Y puso de relieve que la situación se vuelve aún más delicada cuando se difunden fotografías o videos íntimos obtenidos durante una relación de confianza, ya que el daño para la víctima puede multiplicarse en cuestión de minutos.
En la actualidad, teléfonos celulares, computadoras y otros dispositivos electrónicos suelen ser los primeros elementos secuestrados durante una investigación.
Las conversaciones, audios, fotografías y archivos almacenados permiten reconstruir hechos y demostrar la existencia de amenazas, extorsiones u otras conductas delictivas. Incluso si el remitente elimina un mensaje, el destinatario puede conservarlo o haber realizado una captura de pantalla.
Para el doctor “Café” Giménez, la mejor prevención sigue siendo la más sencilla: detener la conversación cuando las emociones empiezan a dominar.
Esperar unos minutos, evitar responder con bronca y buscar una solución por las vías legales puede impedir que un conflicto cotidiano termine en una causa judicial.
Vale para todas las vías
La recomendación alcanza no sólo a WhatsApp, sino también a Telegram, Instagram y cualquier otra plataforma de mensajería o red social donde los mensajes quedan registrados y pueden utilizarse como prueba.
Las aplicaciones de mensajería ya no son únicamente herramientas de comunicación. También son espacios donde cada palabra puede tener consecuencias jurídicas.
Antes de presionar el botón “Enviar”, conviene recordar que un mensaje impulsivo puede salir mucho más caro de lo que parece.

