Isabel Maina expuso una guía clara para hablar mejor, entre ciencia, costumbre y confusión. La profesora volvió a demostrar que hablar bien no es sólo una cuestión académica, sino una herramienta cotidiana para pensar y comunicarnos mejor.
En su columna Secretos del Buen Decir, la docente Isabel Maina volvió a poner el foco en el uso correcto del lenguaje, esta vez con un tema que atraviesa la vida diaria: el tiempo, el clima y cómo se los nombra.
En su participación en PONELE H Radio-TV, la primera aclaración es fundamental, atento a que la palabra tiempo tiene más de un significado.
Por un lado, está el tiempo que mide el reloj. Por otro, el tiempo atmosférico, que describe lo que ocurre en la atmósfera en un momento determinado; o sea, si hace calor, frío, viento o lluvia.
“El tiempo atmosférico es lo que sucede ahora en la atmósfera”, puntualizó Maina.
Sin embargo, la meteorología es una ciencia que estudia los fenómenos atmosféricos en el corto plazo. Es la responsable de los pronósticos que se utiliza a diario.
Su nombre proviene del griego “logos”=“estudio” y “meteoros”=“fenómenos de la atmósfera”.
“La meteorología estudia los fenómenos meteorológicos en la actualidad, a corto plazo”, explicó
Sin embargo, muchas veces se la menciona de forma incorrecta como si fuera el fenómeno en sí.
A diferencia de la meteorología, la climatología analiza el comportamiento del clima a lo largo del tiempo, tomando períodos extensos, de al menos 30 años. Lo que permite definir características de regiones enteras, como el caso del clima subtropical en el Nordeste argentino.
“La meteorología es ahora; la climatología es a largo plazo, es histórica”, puntualizó la columnista.
Un error frecuente en los medios
Según planteó Isabel Maina, uno de los problemas más comunes es la confusión en el uso de los términos.
Se suele decir que “la meteorología está inestable” o que “la climatología provoca lluvias”, cuando en realidad se debería hablar del estado del tiempo o de las condiciones meteorológicas.
“Estamos mezclando la ciencia con el fenómeno que ocurre”, aseveró
Lo cierto es que, aunque suele pensarse como algo fijo, el clima también evoluciona con el paso del tiempo. Y ejemplo de ello es el desierto del Sahara, que en el pasado tuvo condiciones completamente distintas, incluso selváticas.
El caso del “aire acondicionado”
En otro tramo de su exposición, la docente también abordó otro error cotidiano, que es llamar “aire acondicionado” al aparato de climatización.
“Uno no compra un aire, compra un acondicionador de aire”, puntualizó.
El aire, en realidad, es la mezcla de gases que forma la atmósfera terrestre. Lo que se adquiere es un dispositivo que modifica sus condiciones dentro de un ambiente.
Comunicar mejor para entender mejor
En el cierre de su incursión, Maina dejó una reflexión clave sobre que el lenguaje no es un detalle menor.
La comunicación requiere un emisor, un mensaje y un receptor, pero también un código compartido. Y usar bien las palabras es esencial para que ese mensaje llegue con claridad.
“El código tiene que ser común para que el receptor entienda el mensaje”, apuntó.

