Guillermo Knoll repasó la historia de Juan Carlos Jiménez Rufino, “La Mona” Jiménez, y su particular vínculo con el fútbol antes de convertirse en una de las máximas figuras del cuarteto argentino.

El periodista y escritor Guillermo Knoll presentó su columna El Deporte y la Música, en PONELE H Radio-TV, y en el comienzo apuntó que Juan Carlos Jiménez Rufino, “La Mona” Jiménez, nació en Córdoba el 11 de enero de 1951 y desde muy joven estuvo vinculado al fútbol.

Su sueño era poder jugar profesionalmente y llegó a presentarse varias veces a pruebas en Belgrano de Córdoba, aunque nunca consiguió quedar.

En total, fueron unas cuatro o cinco pruebas. Como la oportunidad no llegaba, finalmente decidió abandonar los intentos.

También jugaba en Bella Vista, donde tenía pocas posibilidades de ser titular. Era suplente de José Luis Saldaño, un puntero derecho que posteriormente tendría una destacada trayectoria en Boca Juniors.

La falta de oportunidades para mostrarse terminó influyendo en una decisión que cambiaría definitivamente su vida.

Mientras todavía estaba vinculado al fútbol, “La Mona” ya tenía una fuerte inclinación hacia la música. Incluso había formado su propia banda.

Entonces, a los 17 años decidió dejar de practicar fútbol regularmente y dedicarse de lleno a la música.

La determinación resultó acertada, pues con el tiempo se convertiría en una de las figuras más importantes de la música popular argentina y en un verdadero emblema del cuarteto cordobés.

Knoll recordó que Jiménez no comenzó cantando cuarteto, sino que inicialmente estuvo relacionado con el folclore.

Su carrera musical comenzó hacia finales de la década del ‘60, en una época en la que también eran contemporáneos artistas como Sandro, “Palito” Ortega y Sergio Denis. Sin embargo, tuvo que esperar varios años hasta convertirse en el gran referente del cuarteto.

Uno de los momentos más curiosos de la columna fue la explicación del apodo, sobre lo que Guillermo Knoll aclaró que “La Mona” no nació cuando Jiménez alcanzó la fama, sino que se lo pusieron cuando era muy pequeño.

El apodo quedó asociado a su personalidad y a sus características desde la infancia. Según explicó Knoll, de chico era muy aficionado a treparse y colgarse de los árboles, una característica que habría contribuido a que comenzaran a llamarlo de esa manera.

Con los años, aquel apodo infantil terminó convirtiéndose en una marca inseparable de uno de los artistas más populares de Córdoba.

La historia de “La Mona” Jiménez tiene una curiosa paradoja, la del joven que no consiguió hacerse un lugar como futbolista terminó convirtiéndose en una figura central de la cultura popular argentina.

Su paso por Bella Vista, sus frustradas pruebas en Belgrano y su decisión de abandonar el fútbol a los 17 años quedaron como parte de una historia que demuestra que, a veces, el camino hacia el éxito aparece justamente después de abandonar el primer sueño.

Hoy, “La Mona” es considerado una leyenda del cuarteto y uno de los grandes símbolos culturales de Córdoba.

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