Lo aseguró Isabel Maina en otra entrega de su columna sobre el buen uso del lenguaje. Abordó el uso incorrecto de “o sea”, uno de los errores más frecuentes en redes sociales. Con ejemplos claros, reflexionó sobre la importancia de escribir bien, el rol de la lectura y los desafíos actuales frente a la Inteligencia Artificial.
En tiempos donde la comunicación digital domina gran parte de la vida cotidiana, la profesora Isabel Maina puso el foco en un detalle que, lejos de ser menor, revela mucho más de lo que parece: la forma en que escribimos.
Durante su columna semanal Secretos del Buen Decir, en PONELE H Radio-TV, Maina analizó una expresión ampliamente utilizada pero pocas veces comprendida en su totalidad: “o sea”. Según explicó, existen tres formas distintas de escribirla, cada una con significados completamente diferentes.
Por un lado, “osea”, todo junto y sin tilde, es una palabra poco utilizada en Argentina que refiere a espantar aves de corral. En cambio, “ósea”, con tilde, está vinculada al término “hueso”, como en “estructura ósea” o “fractura ósea”. Finalmente, la forma correcta que la mayoría de las personas intenta emplear es “o sea”, separado, utilizado para aclarar o reformular una idea.
“La mayoría escribe todo junto, sin saber que está utilizando una palabra con otro significado”, advirtió la docente; marcando cómo estos errores se repiten constantemente en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
No es sólo ortografía
Más allá del caso puntual, fue más profunda en su análisis al señalar que “la forma en que escribimos habla mucho de nosotros”. Subrayando que no se trata sólo de ortografía, sino también de cuestiones gramaticales y de comprensión conceptual.
En ese sentido, apuntó una preocupación creciente, que es la falta de corrección en distintos ámbitos. “Hoy no se corrige como antes. Ni en la escuela, ni en los medios, ni siquiera en libros”, remarcó, evidenciando una problemática que atraviesa distintos niveles de la comunicación.
Isabel Maina también hizo hincapié en el valor de la lectura como herramienta fundamental para mejorar la escritura. Y recomendó volver a los clásicos de la literatura como una forma de recuperar precisión y riqueza en el lenguaje.
IA
Otro de los puntos abordados fue el uso cada vez más extendido de la Inteligencia Artificial (IA) para redactar textos.
Si bien reconoció su utilidad como herramienta, fue clara en su postura en cuanto a que no es infalible. “La Inteligencia Artificial puede equivocarse, por eso siempre hay que revisar”, afirmó.
En esa línea, dejó una reflexión contundente con relación a que la responsabilidad final de lo que se escribe sigue siendo humana. La tecnología puede asistir, pero no reemplaza el criterio ni el conocimiento.
Con un mensaje cercano y reflexivo, la profesora cerró su participación destacando la importancia de seguir aprendiendo y corrigiendo, en un contexto donde la inmediatez muchas veces atenta contra la calidad del lenguaje.
“La Inteligencia Artificial es una ayuda, pero no la perfección. El toque final siempre depende de nosotros”, subrayó.

