La docente puso el foco en cómo se habla y cómo ser habla mal en los medios. Desde “voladura de techos” hasta el clásico error con “el agua”, una clase imperdible sobre el idioma en tiempos de confusión.

Lejos de lo que muchos creen, la expresión “voladura de techos” no sólo es válida, sino precisa, según explicó la profesora Isabel Maina en su columna Secretos del Buen Decir, en PONELE H Radio-TV.

Dijo que “voladura” se utiliza correctamente cuando el viento arranca techos, especialmente en contextos de tormentas.

“Se puede decir ‘voladura de techos’, pero también ‘desprendimiento’ o ‘techos arrancados por el viento’”, apuntó.

Maina apuntó contra un fallo frecuente, que es masculinizar palabras femeninas. Siendo “el agua” el caso emblemático.

Al respecto, aclaró que el uso del artículo masculino responde a una cuestión fonética, no de género.

“Decimos ‘el agua’, pero sigue siendo femenino. ‘El agua clara’ y no ‘el agua claro’”, remarcó

Otro error que dejó expuesto es el de confundir términos que parecen similares, pero significan cosas totalmente distintas. Como anegado, que es un terreno o vivienda inundada, y abnegado, que se refiere a una persona solidaria, sacrificada.

En este caso, dio un ejemplo contundente: “Los bomberos abnegados ayudaron a los vecinos anegados”.

Los medios en la mira

La docente no esquivó la crítica y apuntó directo al rol de periodistas y comunicadores, sosteniendo que hoy se reproducen errores sin corrección, lo que termina normalizando el mal uso del idioma.

“Los medios deberían mostrar cómo se habla correctamente, pero muchas veces hacen lo contrario”, expresó.

Y fue más allá, vinculando el problema con el sistema educativo. Poniendo de relieve que hoy hay menos exigencia, menos corrección y más tolerancia al error.

“Estamos en un círculo vicioso. Llegan a formarse docentes con errores que nunca fueron corregidos”, dijo Isabel Maina.

En el epílogo de si incursión radial, ofreció un ejemplo tan simple como alarmante al contar la anécdota de que recibió una tarjeta escrita por una maestra con errores ortográficos que decía “Mami, este regalito lo hice con mis manos para voz”, cuando debería decir vos.

Al final, con tono reflexivo, dejó una preocupación clara en cuanto al deterioro del lenguaje no es casual. Tiene consecuencias y empieza en lo cotidiano.

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