La docente Isabel Maina destacó en su columna semanal que infección e infestación parecen similares, pero se refieren a situaciones muy diferentes.

El invierno comienza a hacerse sentir y, con él, aparecen las habituales enfermedades respiratorias que afectan a gran parte de la población. En este contexto, resulta oportuno detenerse en dos palabras que suelen confundirse en el uso cotidiano: infección e infestación.

Aunque parecen similares, se refieren a situaciones muy diferentes enfatizó la profesora Isabel Maina en su columna Secretos del Buen Decir, en PONELE H Radio-TV. Y explicó en tal sentido que una infección ocurre cuando microorganismos como bacterias, virus u hongos ingresan al organismo y comienzan a reproducirse en su interior.

Estos agentes microscópicos pueden ingresar por distintas vías, como la respiratoria, digestiva, cutánea o incluso sanguínea. Una vez instalados, pueden provocar diversas enfermedades, desde un simple resfrío hasta afecciones más complejas.

Precisamente por eso las vacunas cumplen un papel fundamental. Su función es estimular al sistema inmunológico para que produzca anticuerpos capaces de reconocer y combatir esos microorganismos cuando intenten ingresar al cuerpo.

Al respecto, la docente puso de relieve que es importante recordar que las vacunas no actúan de manera inmediata. El organismo necesita varios días para desarrollar las defensas necesarias, razón por la cual siempre se recomienda vacunarse antes de los períodos de mayor circulación viral.

La infestación, en cambio, involucra organismos visibles a simple vista. Pulgas, garrapatas, piojos, chinches o incluso roedores son algunos ejemplos de agentes que pueden infestar un organismo o un ambiente.

También se utiliza esta palabra para referirnos a la presencia masiva de determinados animales en un lugar determinado. Una vivienda infestada de ratas o una zona infestada de insectos son ejemplos frecuentes.

La diferencia entre ambos conceptos es sencilla: las infecciones son provocadas por microorganismos invisibles a simple vista, mientras que las infestaciones son causadas por organismos macroscópicos.

 

Un pequeño error que se repite con frecuencia

En su sección dedicada al buen uso del idioma, Maina planteó una consulta muy interesante. Aludiendo que muchas personas suelen pronunciar expresiones como “vayámos, podámos, traigamos, hagámos”.

Sin embargo, dijo, la forma correcta es “vayamos, podamos, traigamos, hagamos”

La columnista explicó que la tendencia a enfatizar la sílaba final genera una acentuación incorrecta que, aunque muy extendida, no responde a la norma del español.

Un ejemplo clásico es la palabra “podamos”, que puede pertenecer tanto al verbo poder como al verbo podar.

La diferencia se comprende perfectamente por el contexto: “Charlemos un poco y pasémosla bien mientras podamos”

En este caso, “podamos” proviene claramente del verbo poder.

Los curiosos apellidos en Islandia

A propósito del Mundial 2026, Isabel Maina trajo a cuento que muchos espectadores quedaron sorprendidos al observar que gran parte de los futbolistas islandeses tienen sus apellidos terminados en “son” o “sen”.

La explicación se remonta a antiguas tradiciones nórdicas. Y es que, durante siglos, los habitantes de Islandia, Noruega, Suecia y otros países escandinavos utilizaban un sistema patronímico. Es decir, el apellido se construía a partir del nombre del padre.

Por ejemplo, si un hombre llamado Harald tenía un hijo llamado Erik, éste podía llamarse Erik Haraldson, que literalmente significa “Erik, hijo de Harald”.

En el caso de las mujeres, se utilizaba una terminación equivalente a “hija de”.

Este sistema fue reemplazado progresivamente por apellidos fijos en algunos países, aunque Islandia conserva gran parte de esta tradición hasta la actualidad.

 

La palabra de la semana

Para cerrar, una consulta que quedó pendiente sobre si se dice “síndrome” o “sindrome”.

La respuesta es sencilla: la forma correcta es síndrome, con acento en la “í”, ya que se trata de una palabra esdrújula y, como todas las esdrújulas, lleva tilde ortográfica obligatoria.

Porque conocer el significado de las palabras y utilizarlas correctamente también es una forma de cuidar la salud cultural.

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