En su clásica columna “El deporte y la Música”, Guillermo Knoll repasó la vida de un personaje único. Ídolo de Boca, tentado por el Real Madrid y estrella inesperada del chamamé.
Como cada lunes, el periodista y escritor Guillermo Knoll incursionó en PONELE H Radio-TV con una historia que rompe moldes. Esta vez, el protagonista de la columna El Deporte y la Música fue Julio Elías Mussimesi, exarquero de Boca Juniors, pero también cantor de chamamé y fenómeno cultural de otra época.
“Vamos a hablar de un exarquero de Boca, pero no desde el lugar común”, anticipó el columnista, dejando en claro que la historia venía con sorpresa.
Mussimesi no nació arquero. Según relató Knoll, su historia comenzó lejos del fútbol.
“Él no venía del mundo del fútbol, jugó muchos años al básquet hasta que un día lo pusieron en el arco”, relató.
Su físico hizo el resto. Manos grandes, reflejos felinos y una agilidad poco común le valieron un apodo que quedaría para siempre. “Le decían ‘El Gato’, por su elasticidad y porque parecía tener siete vidas”, dijo Knoll.
De corrientes al mundo… pero con raíces firmes
Nacido en Resistencia, Chaco, el 9 de julio de 1924, Mussimesi desarrolló gran parte de su carrera en el Litoral y luego brilló en Boca Juniors durante más de ocho temporadas.
Su talento cruzó fronteras y, según el periodista y escritor, “hasta el Real Madrid se fijó en él, pero no quiso irse”.
La razón no fue futbolística, sino emocional, pues “no quiso dejar su tierra, ni su música”, aseguró.
Julio Elías Mussimesi no sólo volaba de palo a palo. También cantaba. Y vaya si lo hacía.
Su tema dedicado a Boca, “Dale Boca, viva Boca”, fue un éxito inesperado. “Fue récord de ventas. Ni la discográfica lo podía creer”, aseguró Guillermo Knoll. Quien destacó cómo esa dualidad lo convirtió en un personaje irrepetible.
“Marcó una época en el arco, y también en la música”, indicó el columnista de PONELE H Radio-TV.
Una vida marcada por el riesgo y la resiliencia
La historia de “El Gato” también tuvo momentos oscuros. Según Knoll, sobrevivió a episodios violentos que pudieron terminar con su vida.
“Más de una vez lo robaron, lo balearon. Pero siempre salió adelante”, indicó, a modo de explicación para su apodo.
Mussimesi falleció en 1997, pero dejó una huella profunda en el fútbol, como arquero innovador; en la música, como voz del chamamé popular; y en la cultura, como símbolo del arraigo.
“El deporte siguió siendo una pasión, pero su vida fue mucho más que fútbol”, resumió Guillermo Knoll. Quien una vez más demostró que el deporte no se entiende sin su contexto cultural, y que, a veces, los ídolos más grandes no están solo en las estadísticas, sino en las historias que sobreviven al tiempo.

