Se trata de procedimientos quirúrgicos destinados a corregir alteraciones en los frenillos de la lengua y del labio inferior, estructuras que cumplen funciones fundamentales en la masticación, el habla y el desarrollo normal de la boca.

En una nueva entrega de la columna Saludablemente Hablando, en PONELE H Radio-TV, el odontólogo Carlos Torres abordó un tema poco conocido, pero de gran importancia para la salud bucal: la frenectomía lingual y labial inferior.

Se trata de procedimientos quirúrgicos destinados a corregir alteraciones en los frenillos de la lengua y del labio inferior, estructuras que cumplen funciones fundamentales en la masticación, el habla y el desarrollo normal de la boca.

Torres explicó que el frenillo lingual es una pequeña banda fibrosa que une la parte inferior de la lengua con el piso de la boca. En condiciones normales permite una adecuada movilidad lingual, indispensable para la correcta pronunciación de palabras, la masticación y la deglución.

Sin embargo, cuando este frenillo es demasiado corto, se produce lo que popularmente se conoce como “lengua atada”, una condición que puede generar importantes consecuencias funcionales y estéticas.

Entre las complicaciones más frecuentes, el profesional señaló la retracción de las encías inferiores debido a la constante tracción que ejerce la lengua. Con el tiempo, esta situación puede provocar sensibilidad dental, reabsorción ósea e incluso movilidad de las piezas dentarias inferiores.

Además, la limitación del movimiento lingual dificulta la pronunciación de determinadas letras como la R, L, S y F, afectando el habla y, en muchos casos, el desempeño escolar y social de los niños.

Como ejemplo, el doctor Carlos Torres relató el caso de un pequeño paciente que pronunciaba incorrectamente su propio nombre debido a una severa limitación causada por el frenillo lingual corto. Tras la evaluación profesional, se detectó el problema y se pudo planificar el tratamiento adecuado, mejorando notablemente su capacidad de comunicación.

El odontólogo destacó también la importancia de detectar estas alteraciones desde los primeros meses de vida; pues en algunos bebés, un frenillo lingual demasiado corto puede dificultar la lactancia, impidiendo una correcta succión.

En esos casos, una intervención temprana permite resolver rápidamente el inconveniente y mejorar la alimentación del recién nacido.

Respecto al tratamiento, explicó que la frenectomía consiste en una pequeña cirugía destinada a liberar el frenillo. Es un procedimiento relativamente sencillo, que suele requerir anestesia local, cuidados postoperatorios básicos y, en algunos casos, algunos puntos de sutura que se retiran aproximadamente una semana después.

Torres también se refirió al frenillo labial inferior, que une el labio con la encía inferior. Cuando presenta una inserción anómala, puede generar problemas similares a los del frenillo lingual, incluyendo retracción gingival, sensibilidad dental, reabsorción ósea y alteraciones en la pronunciación, ya que los labios también participan activamente en la articulación de las palabras.

Finalmente, remarcó que el éxito de cualquier intervención depende en gran medida del compromiso del paciente con los cuidados posteriores. Entre las recomendaciones más importantes mencionó evitar alimentos muy calientes, condimentados o cítricos durante los primeros días, privilegiando comidas frías y blandas como yogures, helados, gelatinas y licuados para favorecer una adecuada recuperación.

La consulta temprana con el odontólogo, al pediatra o al otorrinolaringólogo puede ser determinante para detectar estas alteraciones y prevenir complicaciones futuras, mejorando significativamente la calidad de vida de niños y adultos.

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